
El proceso de hacer una casa es largo, sobretodo (todo junto) si tenes que cambiar de ciudad, de lugar.

Uno llena la carretilla de tierra, y la lleva hasta el tamiz. Otro la zarandea. Uno trae agua en un balde. Otro trae arena. Uno carga la hormigonera con tierra, agua y arena. Otro vuelca la hormigonera. Uno trae paja. Otro pisa el barro, uno lo amasa. Otro carga la tierra con las manos y la lleva a la pared. Uno se llena de barro las manos y todos hacen los muros.
La pared se hace de a muchos, el barro está marcado con las huellas de todos. La tierra se transforma y también se transforma uno cuando entra en contacto con ella, y con todos.



Maxi y Fabricio, en el futuro living de la casita de barro. Lo que se ve en el suelo es un diseño aproximado de los espacios que va a tener la construcción. Las curvas serán las formas predominantes; ya estamos pensando en las vistas, la circulación; imáginándonos el ambiente y nosotros adentro en poco tiempo.
Mientras tanto junto a Santi, Alfredo y Jorge terminamos el obrador, cavamos la primera mitad del pisadero, casi terminamos la plataforma del horno de barro…
La última foto que sacamos muestra el cielo blanco, las nubes iluminadas por el sol desde atrás –Va a llover, pensamos. Llovió tres días seguidos en Sierra. El río Sauce Grande está inmenso. Los diques desbordados y en el Abra llovieron más de 200 milímetros. Recién ahora que paró, podemos pensar en seguir con el hornito y las tareas previas a la construcción de los cimientos. Por suerte, ya están acá Natalia y Miguel para poner las manos en el barro.

Dar la primera vuelta en bicicleta siempre es difícil. Uno toma conciencia de que va sobre las dos ruedas y justo en ese momento se cae: volantea fuerte para no terminar en el pavimento, y eso mismo es lo que termina pasando.
Lleva un tiempo aprender, pero después uno anda en dos ruedas y al mismo tiempo puede ir cantando, mirando el cielo o charlando. Las ruedas se empiezan a sentir como si tuvieran estabilidad por sí mismas y el esfuerzo del equilibrio ya no se percibe.
Nos costó empezar a hacer la casa. Llegamos a 23 de diciembre y recién las ruedas están empezando a moverse naturalmente, con menos miedo y más disfrute. Esta es la foto del terreno hoy, limpio, con un obrador a medio hacer y algunos materiales listos para quien quiera venir a ayudarnos en cualquiera de estas tareas:
- Construcción de pisadero (para empezar a hacer las paredes).
- Cavado de zanja para compost.
- Finalización del obrador (galponcito de chapa para guardar herramientas)
- Recolección y traslado de fibras naturales (pastos secos) para la construcción.
- Construcción de horno de barro (para uno de los momentos mas lindos: compartir la comida, hacer panes, pizzas y hasta un corderito)
¡¡¡¡¡¡LOS ESPERAMOS!!!!!!!!!!!

Bajar un piso, recorrer mas de 100 kilómetros, limpiar la casa, juntar cajas, llenarlas, cargarlas, vaciarlas, encontrar cosas perdidas, seleccionar, tirar…. Dice Carlos que dicen que “mudarse hace bien”. Nosotros no sabemos pero en tres años ya van tres y nos parecen muchas!!!
No habría sido posible la mudanza (que comenzó hace como un mes) sin los brazos generosos de:
Nati, Anita, Eri “recién llegada con vestido y zapatitos para mudanza”, Cristi “cartonera”, Sole, Dora “y sus empanaditas inolvidables”; Ángel, Agustín, Pibe Pilo, Juan, Colo “y su super camioneta”, Nico “milagros de mañana”, Marcos “ayudame a bajar este ropero”, Gastón “y sus mates de bienvenida” y Pepe con su carro y camioneta llena de gas-oil.
Y no nos olvidemos de los vecinos del callejón en el que vivimos, que nos recibieron con los brazos abiertos: Lito con “su galpón mágico”, Darío “musica asegurada” y Nelly “elegante hasta la médula”.
(Por suerte la casita alquilada está quedando muy linda y cómoda para todos los que quieran visitarnos y dar una o dos manos en este proyecto de contruccion natural).

